Miro tu foto que está detrás de la puerta. Asumo que ya no estás mientras perfumo mi habitación con esa colonia que me regalaron para mi cumpleaños. Maldito olor a viejo. Me recojo el pelo en una especie de moño mal hecho. [...]
Mi mirada se vuelve a posar [in]voluntariamente en la foto que no me quita el ojo de encima.
En realidad me tortura. Pero me desisto a quitarla.
En realidad me tortura. Pero me desisto a quitarla.
Maldita monotonía. Ojalá vinieras tú a romperla.
Realmente cualquiera que viniese estaría bien.
No me creo capaz de quitar la foto y deshacerme de esa manera tan fría de tantos viernes ansiados y de tantas tardes fugaces en tu habitación. Esa fragilidad mía,debería irse.
No me creo capaz de quitar la foto y deshacerme de esa manera tan fría de tantos viernes ansiados y de tantas tardes fugaces en tu habitación. Esa fragilidad mía,debería irse.
